Reproduzco a continuación un texto de mis días de estudiante de Periodismo para la clase del querido maestro Alfredo Serra. Este trabajo me valió un diez, y fue mi sentido homenaje a uno de mis escritores favoritos.
EL
SOÑADOR DE PROVIDENCE
Pese
a haber pasado inadvertido por la vida, fue uno de los más grandes
escritores fantásticos de todos los tiempos. Vida y obra de un
grande.
«Nada
ha parecido fascinarme tanto como el pensamiento de alguna curiosa
interrupción de las prosaicas leyes de la naturaleza, o alguna
intrusión monstruosa en nuestro mundo familiar por parte de cosas
desconocidas de los ¡limitados abismos exteriores». Un segundo
bastaría para que un lector de libros de terror otorgase un autor a
este fragmento. Tal vez, usted necesite asimilar las siguientes
líneas.
Howard
Phillips Lovecraft, creador de relatos y novelas fantásticas, es uno
de los maestros clásicos del cuento de terror del siglo XX. Nació
en la ciudad de Providence (Rhode Island, EE.UU.) el 20 de agosto de
1890. Su padre, Winfield Scott Lovecraft, era un viajante juerguista
y mujeriego que, cuando Howard tenía tres años, ingresó en el
hospital psiquiátrico y falleció poco tiempo después. Muy sensible
y de salud delicada, el Soñador de Providence, fue educado por su
madre, Susan Phillips, y sus tías. Se crió sobreprotegido, siempre
solitario, entre personas mayores y, cuando jugaba con otros niños,
le gustaba teatralizar escenas mitológicas, aburriendo a sus
compañeros. Lovecraft dice sobre sí mismo: «De chico yo era muy
raro y sensible, y prefería la compañía de personas adultas. No
podía apartarme un instante de cualquier hoja impresa. A los dos
años aprendí el alfabeto, y a los cuatro podía leer fácilmente,
aunque cometiendo los más absurdos errores al pronunciar las
palabras largas, a las que era tan aficionado. A los cinco años
añadía el escribir con tinta a la lista de mis hazañas. Entre mis
escasos compañeros de juegos yo era muy impopular, pues insistía en
que interpretásemos personajes históricos, o que jugáramos de
acuerdo con un plan preestablecido. De este modo, rechazado por los
seres humanos, busqué refugio en los libros...»
A
la edad de seis años conoció la mitología griega a través de
varias publicaciones populares juveniles, y fue profundamente
influido por ella. En ciertas arboledas creía vislumbrar faunos y
dríadas. Solía construir altares y ofrecer sacrificios a Pan,
Diana, Apolo y Minerva. De este período datan sus primigenios
ensayos literarios: «La primera pieza que puedo recordar fue un
cuento sobre una cueva horrible, titulado <El noble fisgón>.
Éste no ha sobrevivido, aunque todavía poseo dos hilarantes
esfuerzos del año posterior».
Poco
tiempo después, Howard adquirió un fuerte interés por las
ciencias. Primero la química. A continuación, la geografía, con
una extraña fascinación centrada en el continente antártico y
otros reinos inexplorados. Finalmente lo eclipsó la astronomía. Al
promediar su duodécimo cumpleaños comenzó a publicar un periódico
hectografiado titulado <The Rhode Island Journal Of Astronomy>,
y luego (a los dieciséis) irrumpió en una publicación de la prensa
local, colaborando con artículos mensuales sobre fenómenos de
actualidad.
En
la secundaria, a la que pudo asistir con cierta regularidad, produjo
por primera vez historias fantásticas con algún grado de coherencia
y seriedad. «Eran en gran parte basura, y destruí la mayoría a los
dieciocho, pero una o dos probablemente alcanzaron el nivel medio del
pulp. De todas ellas he conservado solamente <La bestia de la
cueva> y <El alquimista>».
Lovecraft según
Borges
Borges
emitió su más célebre juicio sobre Lovecraft en el epílogo del
Libro de Arena:
«El destino que, según es fama, es
inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento
póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado como
un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el
lamentable fruto se titula There
Are More Things.»
Borges
siempre fue amigo de la provocación y de la polémica. Pero, en
esta ocasión fue tan injusto con su víctima como consigo
mismo: There
Are More Things está
muy lejos de ser un cuento lamentable.
|
A
causa de las repetidas malas jugadas de su salud, Lovecraft no pudo
asistir a la universidad. Continuó los estudios informales en su
casa y fue influido por un tío médico notablemente erudito. En esos
años viró de la ciencia a la literatura, especializándose en los
productos de aquel siglo XVIII del cual tan extrañamente se sentía
parte.
En
1914 descubrió la United Amateur Press Association y se unió a
ella. La importancia de este hecho apenas puede estimarse: «El
contacto con los variados miembros y críticos me ayudo infinitamente
a rebajar los peores arcaísmos y las pesadeces de mi estilo», dice
Howard. Fue allí, en las filas del amateurismo organizado, donde le
aconsejaron retomar la escritura fantástica; paso que se concretó
en 1917 con la producción de <La tumba> y <Dagon>,
ambos publicados después en Weird Tales. También por medio del
amateurismo se establecieron los contactos que posibilitaron su
primera publicación profesional, cuando Home Brew publicó un
horroroso serial titulado <Herbert West - Reanimator>.
Hacia
1919, el descubrimiento de Lord Dunsany dio un enorme impulso a su
escritura, y sacó material en mayor cantidad que nunca antes o
después. Pero su mayor hallazgo llegó recién en 1923. Para ese
entonces, el joven Howard no estaba publicando (se ganaba la vida
como corrector de estilo) y la aparición de la revista Weird Tales
le abrió una válvula de escape de considerable regularidad. Aunque
la mayoría de sus cuentos pasaron inadvertidos para el gran público,
hubo quienes se interesaron en ellos y escribieron al autor. De a
poco se fue creando el que más tarde se llamaría <Círculo de
Lovecraft>: un grupo de escritores fantásticos que aportaba
ideas comunes para sus relatos.
En
esta época, Howard conoció a Sonia Greene, una reportera diez años
mayor que él. Tras la muerte de su madre, en 1924, se casó con ella
y se fue a vivir a Brooklyn. El matrimonio duro sólo dos años.
Según Lovecraft, la ruptura se produjo a causa de «dificultades
económicas más crecientes divergencias en cuanto a aspiraciones y
necesidades». Entonces Lovecraft volvió a Providence y se dedicó a
escribir, a leer, a investigar la historia de Nueva Inglaterra. Hizo
algunos pocos viajes y, sintiéndose definitivamente fracasado en el
mundo, se hundió de nuevo en su antigua misantropía que, en
realidad, nunca le había abandonado del todo. Murió de cáncer
intestinal e insuficiencia renal el 15 de marzo de 1937, en el Jane
Brown Memorial Hospital de Providence. Tenía 47 años.
Arkham
House
Lovecraft
había abandonado el mundo terrenal. Muy pocos lo recordaban. Entre
ellos, sus amigos y admiradores (sobre todo August Derleth y Donald
Wandrei), quienes se dedicaron a recopilar sus cuentos dispersos o
inéditos y a publicarlos. En torno a la naciente leyenda de
Lovecraft crearon la editorial Arkham House, cuyo mismo nombre está
tomado de la imaginaria ciudad donde aquél situó varios de sus
relatos. La editorial tuvo un éxito cada vez mayor, Lovecraft fue
saliendo del olvido en que vivió y aparecieron infinidad de
imitadores. Al popularizarse su obra, empezó también a
desarrollarse su leyenda de rondador de cementerios, de sabedor de
secretos prohibidos, de practicante de cultos abominables. Los
americanos -dice Maurice Lévy- quisieron explicar los monstruos de
Lovecraft haciendo de éste un monstruo.
Los
Mitos de Cthulhu
La
Enciclopedia Británica define el tema de los Mitos de Cthulhu como
«la dislocación del tiempo y del espacio, que incluye seres
horrorosos de origen extraterrestre». Para Rafael Llopis, es «el
ciclo de narraciones de horror cósmico ambientadas en mundos
primitivos de caos y espanto.»
El libro maldito
No
podía faltar la «Biblia de los Mitos». Se trata del famoso
tratado de magia negra y conjuros potentosos, denominado
Necronomicon
escrito por el poeta árabe Abdul Alhazred en el año 700 en
Damasco, que llegó a occidente por medio de traducciones al
griego y al latín. Este libro es terriblemente peligroso
(se afirma que leerlo produce insania), y se lo mantiene bajo
llave en muy pocas bibliotecas como la del Vaticano, el British
Museum, o en la de la Universidad de Buenos Aires. Este arcano
maldito, que posee las claves para permitir el regreso triunfal
del temido dios del mal, Cthulhu, es el fundamento teórico de los
Mitos.
|
Su invención
corresponde a Howard Phillips Lovecraft. El primero de sus relatos
pertenecientes a este ciclo es <La ciudad sin nombre> -1921-,
que todavía conserva el estilo dunsaniano de su juventud. A partir
de <La llamada de Cthulhu> -1926-, los Mitos adquieren su forma
adulta y definitiva, en colaboración con todo el Círculo de
Lovecraft. Cada miembro puso su granito de arena: uno inventó un
nuevo dios; otro, un nuevo libro de oscuro saber olvidado; aquél de
allá, una situación, un detalle, un ambiente.
Todos
estos cuentos tienen un protagonista de costumbres solitarias y
aficiones ocultas, muchos de ellos estudiantes de arqueología,
profesores universitarios, o simplemente parientes de alguien que les
deja entre su herencia pistas de los dioses primordiales, y así se
ven involucrados en extraños sucesos. En estos momentos, el
protagonista suele emprender un viaje y entonces Lovecraft despliega
todo su arsenal escenográfico, con el fin de lograr efectos
opresivos en el lector. Nadie mejor que el propio creador de los
Mitos, para sintetizar el asunto: «Todos mis relatos, por muy
distintos que sean entre sí, se basan en la idea central de que
antaño nuestro mundo fue poblado por otras razas, que por practicar
la magia negra, perdieron sus conquistas y fueron expulsadas, pero
viven aún en el exterior, dispuestas en todo momento a volver a
apoderarse de la tierra.»
por Martín Zeleznik