“Morirás mañana. El escritor sale a matar”, de Jaime Bayly. Crítica
Juro que no tenía planeado leer a Jaime Bayly. Creo que jamás había pensado en hacerlo hasta que vi ese reportaje en la tele y recordé lo bien que me cae este tipo. Reconozco que el personaje Bayly me resulta enormemente atractivo. Es una de las pocas personas capaces de detener mi zapping frenético durante las comidas. Me gusta mucho como entrevistador, pero mucho más como entrevistado, que es cuando tiene más tiempo de explayarse en sus anécdotas interesantes y sus ocurrencias siempre graciosas. Me parece un tipo de verdad inteligente; lleno de pensamientos sagaces y comentarios divertidos. Me gusta el periodista Jaime Bayly, me gusta más el personaje Jaime Bayly, pero desconozco por completo al narrador. Atrapado efectivamente por el personaje, me dispongo ahora a descubrir a Jaime Bayly, el escritor.
Como siempre voy a mantenerme lo más lejos posible del argumento. Será suficiente decir que a Javier Garcés, afamado escritor peruano, le quedan unos pocos meses de vida y decide aprovecharlos matando a las personas que odia, a los enemigos que ha cosechado a lo largo de su existencia. Va a pasar sus últimos días librando al mundo de unos cinco hijos de puta que son más hijos de puta que él, como el mismo Garcés dice.
El formato de los tres libros (si bien ahora voy a referirme sólo al primero) es más o menos el mismo. Garcés nos presenta a los desdichados que va a matar (hijos de puta para él) y nos dice por qué va a matarlos. Luego comienza con los asesinatos, dejándonos conocer sus pensamientos y haciéndonos parte de la elaboración de la estrategia para matar a cada una de las víctimas. Las escenas de los crímenes son breves, tal vez porque el escritor ya nos ha contado cómo piensa liquidarlos y no quiere aburrirnos, pero ciertamente parecen escritas con desgano.
El argumento central es excelente, sobre todo para la venta del producto, y vale destacar que el libro tiene ritmo desde el comienzo. Sin embargo, se dan algunas situaciones poco creíbles a lo largo del texto, sobre todo durante los crímenes perpetrados por el escritor devenido en asesino. Cuesta creer que el tipo siempre termine tan bien parado después de sus crímenes. Qué me dices si te cuento que para matar a uno de los hijos de puta, Garcés decide embestir el auto de la víctima con su propio coche en medio de una noche apacible y silenciosa, en una zona residencial de Lima, y luego lo mata de un tiro cuando la víctima se baja a recriminarle por el choque. Todavía no consigo creer la ausencia de testigos, sobre todo sabiendo cómo nos asomamos por las ventanas los habitantes de ciudad cada vez que sentimos la colisión de dos carrocerías. Pero si no te afectan estos pequeños deslices argumentales, o si no eres de hacerte preguntas sobre lo posible y lo imposible (y después de todo estamos hablando de ficción) puedes seguir adelante sin cuestionamientos.
En general el libro es llevadero, se deja leer, y nos proporciona un agradable entretenimiento casi de principio a fin (a no ser por la parte en que Garcés lee en el café todos los periódicos de Lima en busca de las repercusiones en la prensa de su último asesinato, que se hace súper larga y tediosa, y es la peor del libro).
En cuanto al uso de la lengua, Bayly narra en primera persona en tiempo presente, lo que personalmente no me resulta atractivo, aunque da al texto un vértigo y un dinamismo particulares. Los pensamientos de Garcés están por todas partes, y son de lo más divertidos. Cabe señalar que a veces estas cavilaciones son algo extensas, al punto de hacer que el lector pierda el verdadero hilo de la historia. Puede que te preguntes más de una vez: “¿y a qué venía esta digresión?” Los diálogos presentan un gran realismo, son creíbles 100%, y resultan por demás efectivos para aquellos lectores que se fatigan rápido de los párrafos largos.
Jaime Bayly putea con estilo, se desenvuelve con maestría en el difícil arte de decir malas palabras. Jaime Bayly es gracioso, es fresco, su adjetivación es disparatada (mi adjetivo favorito en todo el libro es “esperpéntico”). Casi puedo imaginarlo frente a la computadora, escribiendo las líneas que ahora tengo frente a mí, con una sonrisa socarrona en los labios, gozando del cinismo excesivo del que ha dotado a su protagonista. Creo que se ha divertido mucho escribiendo.
La prosa está lejos de ser excelsa, pero sí es dinámica, efectiva. Jaime Bayly (o Javier Garcés) no para un segundo, se atropellan los acontecimientos unos a otros, no hay tiempo de ponernos pensar. El humor y el suspenso ingresan en una espiral que no va a dejar de dar vueltas hasta el final de un relato que nos lleva sin demasiados malos tragos (ni demasiados grandes momentos) a la segunda parte de la saga.
Continuará...


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