miércoles, 16 de enero de 2013

Homenaje a H. P. Lovecraft

Reproduzco a continuación un texto de mis días de estudiante de Periodismo para la clase del querido maestro Alfredo Serra. Este trabajo me valió un diez, y fue mi sentido homenaje a uno de mis escritores favoritos. 

EL SOÑADOR DE PROVIDENCE
Pese a haber pasado inadvertido por la vida, fue uno de los más grandes escritores fantásticos de todos los tiempos. Vida y obra de un grande.


«Nada ha parecido fascinarme tanto como el pensamiento de alguna curiosa interrupción de las prosaicas leyes de la naturaleza, o alguna intrusión monstruosa en nuestro mundo familiar por parte de cosas desconocidas de los ¡limitados abismos exteriores». Un segundo bastaría para que un lector de libros de terror otorgase un autor a este fragmento. Tal vez, usted necesite asimilar las siguientes líneas.

Howard Phillips Lovecraft, creador de relatos y novelas fantásticas, es uno de los maestros clásicos del cuento de terror del siglo XX. Nació en la ciudad de Providence (Rhode Island, EE.UU.) el 20 de agosto de 1890. Su padre, Winfield Scott Lovecraft, era un viajante juerguista y mujeriego que, cuando Howard tenía tres años, ingresó en el hospital psiquiátrico y falleció poco tiempo después. Muy sensible y de salud delicada, el Soñador de Providence, fue educado por su madre, Susan Phillips, y sus tías. Se crió sobreprotegido, siempre solitario, entre personas mayores y, cuando jugaba con otros niños, le gustaba teatralizar escenas mitológicas, aburriendo a sus compañeros. Lovecraft dice sobre sí mismo: «De chico yo era muy raro y sensible, y prefería la compañía de personas adultas. No podía apartarme un instante de cualquier hoja impresa. A los dos años aprendí el alfabeto, y a los cuatro podía leer fácilmente, aunque cometiendo los más absurdos errores al pronunciar las palabras largas, a las que era tan aficionado. A los cinco años añadía el escribir con tinta a la lista de mis hazañas. Entre mis escasos compañeros de juegos yo era muy impopular, pues insistía en que interpretásemos personajes históricos, o que jugáramos de acuerdo con un plan preestablecido. De este modo, rechazado por los seres humanos, busqué refugio en los libros...»

A la edad de seis años conoció la mitología griega a través de varias publicaciones populares juveniles, y fue profundamente influido por ella. En ciertas arboledas creía vislumbrar faunos y dríadas. Solía construir altares y ofrecer sacrificios a Pan, Diana, Apolo y Minerva. De este período datan sus primigenios ensayos literarios: «La primera pieza que puedo recordar fue un cuento sobre una cueva horrible, titulado <El noble fisgón>. Éste no ha sobrevivido, aunque todavía poseo dos hilarantes esfuerzos del año posterior».

Poco tiempo después, Howard adquirió un fuerte interés por las ciencias. Primero la química. A continuación, la geografía, con una extraña fascinación centrada en el continente antártico y otros reinos inexplorados. Finalmente lo eclipsó la astronomía. Al promediar su duodécimo cumpleaños comenzó a publicar un periódico hectografiado titulado <The Rhode Island Journal Of Astronomy>, y luego (a los dieciséis) irrumpió en una publicación de la prensa local, colaborando con artículos mensuales sobre fenómenos de actualidad.

En la secundaria, a la que pudo asistir con cierta regularidad, produjo por primera vez historias fantásticas con algún grado de coherencia y seriedad. «Eran en gran parte basura, y destruí la mayoría a los dieciocho, pero una o dos probablemente alcanzaron el nivel medio del pulp. De todas ellas he conservado solamente <La bestia de la cueva> y <El alquimista>».
Lovecraft según Borges
Borges emitió su más célebre juicio sobre Lovecraft en el epílogo del Libro de Arena:

«El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que
perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado como un
parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula
There Are More Things.»


Borges siempre fue amigo de la provocación y de la polémica. Pero, en esta
ocasión fue tan injusto con su víctima como consigo mismo:
There Are More Things
está muy lejos de ser un cuento lamentable.

A causa de las repetidas malas jugadas de su salud, Lovecraft no pudo asistir a la universidad. Continuó los estudios informales en su casa y fue influido por un tío médico notablemente erudito. En esos años viró de la ciencia a la literatura, especializándose en los productos de aquel siglo XVIII del cual tan extrañamente se sentía parte.

En 1914 descubrió la United Amateur Press Association y se unió a ella. La importancia de este hecho apenas puede estimarse: «El contacto con los variados miembros y críticos me ayudo infinitamente a rebajar los peores arcaísmos y las pesadeces de mi estilo», dice Howard. Fue allí, en las filas del amateurismo organizado, donde le aconsejaron retomar la escritura fantástica; paso que se concretó en 1917 con la producción de <La tumba> y <Dagon>, ambos publicados después en Weird Tales. También por medio del amateurismo se establecieron los contactos que posibilitaron su primera publicación profesional, cuando Home Brew publicó un horroroso serial titulado <Herbert West - Reanimator>.

Hacia 1919, el descubrimiento de Lord Dunsany dio un enorme impulso a su escritura, y sacó material en mayor cantidad que nunca antes o después. Pero su mayor hallazgo llegó recién en 1923. Para ese entonces, el joven Howard no estaba publicando (se ganaba la vida como corrector de estilo) y la aparición de la revista Weird Tales le abrió una válvula de escape de considerable regularidad. Aunque la mayoría de sus cuentos pasaron inadvertidos para el gran público, hubo quienes se interesaron en ellos y escribieron al autor. De a poco se fue creando el que más tarde se llamaría <Círculo de Lovecraft>: un grupo de escritores fantásticos que aportaba ideas comunes para sus relatos.

En esta época, Howard conoció a Sonia Greene, una reportera diez años mayor que él. Tras la muerte de su madre, en 1924, se casó con ella y se fue a vivir a Brooklyn. El matrimonio duro sólo dos años. Según Lovecraft, la ruptura se produjo a causa de «dificultades económicas más crecientes divergencias en cuanto a aspiraciones y necesidades». Entonces Lovecraft volvió a Providence y se dedicó a escribir, a leer, a investigar la historia de Nueva Inglaterra. Hizo algunos pocos viajes y, sintiéndose definitivamente fracasado en el mundo, se hundió de nuevo en su antigua misantropía que, en realidad, nunca le había abandonado del todo. Murió de cáncer intestinal e insuficiencia renal el 15 de marzo de 1937, en el Jane Brown Memorial Hospital de Providence. Tenía 47 años.

Arkham House
Lovecraft había abandonado el mundo terrenal. Muy pocos lo recordaban. Entre ellos, sus amigos y admiradores (sobre todo August Derleth y Donald Wandrei), quienes se dedicaron a recopilar sus cuentos dispersos o inéditos y a publicarlos. En torno a la naciente leyenda de Lovecraft crearon la editorial Arkham House, cuyo mismo nombre está tomado de la imaginaria ciudad donde aquél situó varios de sus relatos. La editorial tuvo un éxito cada vez mayor, Lovecraft fue saliendo del olvido en que vivió y aparecieron infinidad de imitadores. Al popularizarse su obra, empezó también a desarrollarse su leyenda de rondador de cementerios, de sabedor de secretos prohibidos, de practicante de cultos abominables. Los americanos -dice Maurice Lévy- quisieron explicar los monstruos de Lovecraft haciendo de éste un monstruo.

Los Mitos de Cthulhu
La Enciclopedia Británica define el tema de los Mitos de Cthulhu como «la dislocación del tiempo y del espacio, que incluye seres horrorosos de origen extraterrestre». Para Rafael Llopis, es «el ciclo de narraciones de horror cósmico ambientadas en mundos primitivos de caos y espanto.»
El libro maldito
No podía faltar la «Biblia de los Mitos». Se trata del famoso tratado de magia negra y conjuros potentosos,
denominado
Necronomicon
escrito por el poeta árabe Abdul Alhazred en el año 700 en Damasco, que llegó a occidente por medio de traducciones al griego y al latín. Este libro es terriblemente peligroso (se
afirma que leerlo produce insania), y se lo mantiene bajo llave en muy pocas
bibliotecas como la del Vaticano, el British Museum, o en la de la Universidad de
Buenos Aires. Este arcano maldito, que posee las claves para permitir el regreso
triunfal del temido dios del mal, Cthulhu, es el fundamento teórico de los Mitos.

Su invención corresponde a Howard Phillips Lovecraft. El primero de sus relatos pertenecientes a este ciclo es <La ciudad sin nombre> -1921-, que todavía conserva el estilo dunsaniano de su juventud. A partir de <La llamada de Cthulhu> -1926-, los Mitos adquieren su forma adulta y definitiva, en colaboración con todo el Círculo de Lovecraft. Cada miembro puso su granito de arena: uno inventó un nuevo dios; otro, un nuevo libro de oscuro saber olvidado; aquél de allá, una situación, un detalle, un ambiente.

Todos estos cuentos tienen un protagonista de costumbres solitarias y aficiones ocultas, muchos de ellos estudiantes de arqueología, profesores universitarios, o simplemente parientes de alguien que les deja entre su herencia pistas de los dioses primordiales, y así se ven involucrados en extraños sucesos. En estos momentos, el protagonista suele emprender un viaje y entonces Lovecraft despliega todo su arsenal escenográfico, con el fin de lograr efectos opresivos en el lector. Nadie mejor que el propio creador de los Mitos, para sintetizar el asunto: «Todos mis relatos, por muy distintos que sean entre sí, se basan en la idea central de que antaño nuestro mundo fue poblado por otras razas, que por practicar la magia negra, perdieron sus conquistas y fueron expulsadas, pero viven aún en el exterior, dispuestas en todo momento a volver a apoderarse de la tierra.»

por Martín Zeleznik