lunes, 31 de diciembre de 2012


Ranking 2012: Lo mejor y lo peor
 
Ahora que el 2012 llega a su fin, he decidido echar un vistazo a mi e-reader y a mi biblioteca (a pesar de estar enamorado de mi dispositivo todavía disfruto del papel) para ver qué libros leí en el año. No voy a hacer una crítica de cada uno, ya que mi memoria es algo frágil y los detalles se han disipado con rapidez. Sin embargo, sí recuerdo cuáles me gustaron y cuáles no, y las sensaciones que me dejaron. Voy a dividirlos entonces de la siguiente manera:

Lo mejor

1. «Los días del venado», de Liliana Bodoc.
2. «Los días de la sombra», de Liliana Bodoc.
3. «Los días del fuego», de Liliana Bodoc.

Lo mejor que me pasó este año, como lector, fue descubrir a Liliana Bodoc, escritora argentina, creadora de la genial trilogía de «La saga de los confines». Estos tres libros, que devoré uno tras otro, me permitieron zambullirme en una historia épica y fantástica maravillosa, repleta de personajes entrañables y simbolismos, que me hizo vibrar a cada vuelta de página por lo que pudiera sucederle al Venado. Súper recomendables los tres libros. Literatura 100% gratificante, con una prosa excelsa, exquisita, parecida a la música. Durante este año que agoniza apareció «Oficio de Búhos», también de Liliana Bodoc, un libro de cuentos que viene a complementar «La saga de los confines». Está en mi lista de libros a leer, y tengo muchas expectativas puestas en él.



4. «El resplandor», de Stephen King.
5. «Maleficio», de Stephen King.
6. «El misterio de Salem's Lot», de Stephen King.

Siempre que no sepas qué leer y quieras asustarte en serio, puedes recurrir a Stephen King. Nunca falla. Sin alcanzar el nivel escalofriante de «It», creo que las citadas son tres grandes obras.

Lo peor

7. «La monja sangrienta y otros relatos», Charles Nodier.
8. «El castillo de Otranto», de Horace Walpole.
9. «Demonio de libro», de Clive Barker.

A pesar de haberme defraudado, pude alcanzar (no sin esfuerzo) el punto final de estos tres textos. La combinación de los fantasmas atemorizantes y el castillo tenebroso en «El castillo de Otranto» resulta infantil para el lector moderno, sobre todo cuando los primeros no atemorizan y el segundo no es del todo tenebroso. Sin embargo, no seré yo quien le quite mérito como precursor de la novela gótica. Si eres un amante del género, debes conocer el texto que lo inauguró. Yo lo hice, tal vez algo obligado. Y si quieres saber qué pienso del vomitivo «Demonio de libro» puedes verlo en mi anterior entrada.

Lo que no fue

No sé si es bueno o malo dejar un libro a medio camino. Algunos sostienen que cuando las primeras páginas no consiguen engancharte, lo mejor que puedes hacer es dejar de lado el libro y tomar otro. Yo lo vivo como un pequeño fracaso, por eso a veces intento seguir adelante, tal vez más de lo recomendable. Es cierto que hay libros que “arrancan lento” y después se ponen buenísimos, pero dependerá de la tenacidad del lector arriesgarse a continuar cuando lo único que ve es desierto. En cualquier caso, hubo algunos libros que no pude terminar y debí abandonarlos, unos cerca del comienzo y otros algo más avanzados.

10. «El Guardavías y otros cuentos de fantasmas», de Charles Dickens. Es difícil dejar a mitad de camino un libro de cuentos pues las esperanzas se renuevan constantemente, pero yo lo hice al cabo de unas pocas desilusiones.
11. «Safo de Lesbos», de Peter Green. Tal vez mi mente podrida buscaba algo de erotismo y no lo encontró (al menos en las primeras páginas).
12. «El culto del gato», de Nicholas Saunders. Mi fascinación por los gatos, a los que siempre consideré tan entrañables como enigmáticos, no llegó a tanto.
13. «Los siete locos», de Roberto Arlt. Sé que no es políticamente correcto haber abandonado este libro, y menos decirlo aquí, pero no pude superar el tedio de las primeras páginas.

 

martes, 25 de diciembre de 2012

"Demonio de libro" de Clive Barker. Crítica.


Si no has leído «Demonio de libro» de Clive Barker, puedes estar tranquilo, no voy a contarte el final, ni siquiera su trama. Acabo de terminarlo hace unas ocho horas, y sólo pretendo a vomitar mis impresiones ahora que están latentes.


En primer lugar debo reconocer que llegué a «Demonio de libro» por el agradable recuerdo que habían dejado en mí los «Libros sangrientos». Aclarar esto es importante pues las expectativas depositadas en el autor eran muchas desde que había terminado los tres primeros volúmenes de la obra citada y lo cierto es que me habían quedado muchas ganas de volver a Barker. Recordaba a Barker como a la chica del primer beso.


¿Qué siento ahora que he terminado? Siento como si después de conducir un coche lindo y confortable me hubieran obligado a subir un auto viejo, destartalado, sin dirección hidráulica ni aire acondicionado, y rodarlo un largo rato en una carretera polvorienta y desigual. Durante todo el trayecto sentí cansancio, ganas de bajarme. ¡Cuántas ganas de bajarme tuve! Y estuve por hacerlo varias veces, pero me obligué a llegar a destino, sólo por el nombre del autor.

¿Qué le pido a un libro de terror? Siempre, invariablemente, le pido que me asuste. Puede sonarte estúpido, pero sí, pido a un libro de terror y a un autor de terror que me asusten, al menos que me inquieten. Le pido al escritor que haga bien su trabajo. «Demonio de libro» no llegó a asustarme una sola vez. Soy un lector acostumbrado al género, indulgente con sus lugares comunes; sé dejarme llevar, entregarme a los climas y las escenas cuando están bien construidas. Y sobre todo me gusta el miedo y soy susceptible al miedo. Pues bien, Clive Barker no ha logrado asustarme esta vez, ni siquiera un poco.

El hechizo del demonio hablando directamente al lector se diluye en unas cuantas páginas, y el recurso que funciona de maravillas para la venta del libro, se vuelve estéril a escasos metros de la línea de partida. Las amenazas de Jakabok Botch (el demonio-autor) se repiten a lo largo de todo el texto, sus súplicas constantes al lector «Quema este libro, Quema este libro, Quema este libro... » se llevan una porción importante de la obra. La interacción del demonio-autor con el lector es más o menos siempre la misma, y es la excusa para que el narrador nos proporcione los diversos fragmentos de su transitar desafortunado y poco interesante entre la raza humana.

La debilidad de la historia y la falta de empatía hacia los personajes, sobre todo hacia Botch, hacen que el lector no se inquiete por lo que pueda acontecerle al protagonista en sus desventuras. Existen otros dos personajes importantes en la novela: el insípido Quitoon, el demonio-tutor-amante de Botch, y tú, que pasas gran parte de la obra vacilando entre seguir leyendo o quemar el libro. En mi caso, leyendo desde un costoso e-reader, créeme que nunca pensé en hacerlo.

No estoy en contra del lenguaje explícito y truculento, y las descripciones sangrientas no me asustan, pero creo que por sí solas, como único recurso generador de morbo, resultan patéticas. «Demonio de libro» está plagado de estas intervenciones explícitamente fallidas. Es como si hubiera sido el único recurso del que Barker dispusiera para generar escozor. Como si alguien le hubiera dicho «esto es lo que tienes Barker: “entrañas, vejigas, e intestinos”. Sé que puedes asustarlos con eso». Leer la palabra «excremento» ocho veces, «producto de mis intestinos» algunas otras, en las 256 páginas del texto no resulta atrayente a mis ojos sin algo que lo justifique. Si quieres ver una escena llena de sangre y entrañas maravillosamente contada, puedes verla en «Crónica de una muerte anunciada» pero no en «Demonio de libro.»

El conflicto Bien vs. Mal, Cielo vs. Infierno, un recurso siempre efectivo e inagotable, se plantea cuando el lector ya está cabeceando de sueño, cuando el tanque de gasolina está vacío y el auto avanza a puro impulso y hasta casi no importa qué pueda suceder con todo eso. Y de hecho nada sucederá.

Espero no haber arruinado tus ganas de leer «Demonio de libro». Recuerda que no son más que impresiones personales. Por mi parte, le daré una nueva oportunidad a Clive Barker, aunque no de inmediato. Ya tengo elegido mi próximo libro.